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La Mirada





La Mirada

Semana 6 - 12 de septiembre de 2010


La foto

“El horizonte, como la utopía, se aleja a cada paso;
pero nos sirve para caminar en esa dirección”
Eduardo Galeano.


Palabras del P. Arrupe:

Ocho claves para una vuelta a clase sin traumas

Copiamos un artículo publicado en el diario ABC, el pasado lunes, día 06, pues puede ayudar a más de un padre.

Se acabó ver la tele a cualquier hora, cenar a las tantas, acostarse tarde y pasarse el día jugando. Para los pequeños llega el peor mes, el de la vuelta al colegio y a las rutinas y, como les pasa a los mayores, no todos lo llevan bien.

Para hacer más llevadero el inicio del curso escolar, desde la “Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles” recomiendan ir cambiando progresivamente los hábitos antes del primer día de clase.

Despertarse antes: Antes del inicio del curso, adelantar progresivamente la hora de despertarse, para que, cuando llegue el día de reincorporarse a las aulas, no tengan sensación de haber dormido poco, y estén cansados.

Adelantar la hora de las cenas: Adecuar el horario de las cenas facilitará que los niños se acuesten a una hora razonable y, por consiguiente, adelanten su hora de levantarse.

No trasnochar: Durante esta semana deben ir acostumbrándose a que la hora oportuna para irse a la cama está en torno a las 21:00 ó 21:30 horas. Dormir una media de 10 horas les permitirá que rindan adecuadamente en el colegio y no estén cansados durante su jornada.

Revisar las tareas con antelación: Las tareas que los colegios mandan a los niños para que se mantengan en contacto con los contenidos aprendidos durante el curso suelen ser una pesadilla para los más pequeños; por lo que muchos deciden dejar parte de ellas para los últimos días de las vacaciones. Lo ideal habría sido que las hubieran ido realizando paulatinamente. Pero, en el caso de que esto no haya sucedido, lo aconsejable es establecer un plan para evitar que el niño tenga que realizarlo todo, deprisa y corriendo, el último día.

Organizar con tiempo los materiales: Debemos evitar que la víspera del regreso a las aulas se convierta en una experiencia estresante. Si, poco a poco, vamos preparando los materiales que llevará en su mochila, incluso la ropa que llevará puesta, el niño no tendrá una sensación tan negativa.

Llevar rutinas: Es importante intentar que la semana previa a la reincorporación a las clases los niños sigan unos horarios y planifiquen en la medida de lo posible sus últimos días de vacaciones. Pasar de días descontrolados y sin horarios a jornadas rutinarias y con horarios muy marcados puede en ocasiones producir trastornos anímicos en los más pequeños.

Tener una vida activa: Es recomendable que los niños no pasen del sedentarismo típico de las vacaciones a la actividad absoluta de las jornadas escolares. Deberían tener unos días de adaptación, durante los que es recomendable que realicen actividades fuera de casa, lean, lleven a cabo actividades que requieran una mínima activación de los sentidos, para que así empiecen la escuela con fuerza y mayor energía.

Disminuir horas de TV, videojuegos, ordenador: La televisión, las videoconsolas y los ordenadores ocupan gran parte del tiempo de entretenimiento de los pequeños en verano. Los últimos días que les quedan de descanso deberían relegar este tipo de distracción y diversión a un segundo plano. Estos aparatos pueden estar bien para un periodo corto de tiempo -un máximo de 30-60 minutos diarios-, siempre que, además de servir de distracción, se complementen con la formación.


Una sonrisa



El evangelio del Domingo

Domingo 12 de septiembre de 2010: 24º del tiempo ordinario
“DULCE NOMBRE DE MARÍA”
Del Evangelio según San Lucas, 15, 1–3 y 11–32:

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: "Ése acoge a los pecadores y come con ellos."

Jesús les dijo esta parábola:

Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo.  Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."


COMENTARIO AL EVANGELIO

El domingo pasado, leíamos un texto del libro de la Sabiduría, que reconocía que ningún hombre puede entender verdaderamente quién es Dios.

El Evangelio de hoy nos da una clave perfecta para entender quién es Dios, qué imagen tiene Jesús y nos quiere dar de Dios. La parábola del hijo pródigo es la mejor fotografía, el vídeo más exacto que saca Jesús de Dios; y nos lo quiere enseñar, para que nos lo aprendamos, para que nos lo creamos.

Recuerdo siempre una viñeta de un libro sobre Dios, en el que un angelito le decía a Dios que desde la tierra habían pedido una foto suya. Dios, después de mucho pensar, le da una y le dice: “Dales ésta, que es la que más me parezco.”  Y era la foto de una madre con su hijo pequeño en el colo.

Para los que quieran profundizar en lo que voy a decir les recomiendo un libro, si no lo han leído ya, que me parece muy interesante: “EL REGRESO DEL HIJO PRODIGO”; de Henri J.M. Nouwen; ed. P.P.C.

Normalmente se suele meditar mucho sobre la persona del hijo pródigo y se usa para llamarnos a la penitencia, a la conversión y al arrepentimiento. Hoy voy a fijarme más en las otras dos figuras, la del padre y la del hijo mayor. Porque tienen un sentido profundo y un mensaje muy fuerte que Jesús nos quiere dar. Lucas presenta la escena, diciendo que esta parábola se la puso Jesús a los fariseos, porque criticaban que comiera con pecadores, que fuera su amigo, que se llevara bien con ellos.

Jesús nos presenta un padre que ‘se pasa de bueno’, que está esperando a su hijo día y noche; que, cuando vuelve, no le echa en cara nada, ni siquiera le deja contarle el rollo que se traía preparado; que le abraza y lo levanta y le perdona sin condiciones; que, simplemente porque le quiere y se alegra de su vuelta, celebra un banquete en su honor, le pone el mejor traje, el anillo y las sandalias: es decir, le devuelve todo su honor de hijo. Sin ponerle la condición de que no lo vuelva a hacer, sin castigos ni riñas ni reproches, sin propósitos ni arrepentimientos; porque queda muy claro que el hijo vuelve a casa por hambre, no por arrepentimiento. O sea que el padre perdona, no porque el hijo haga nada, ni se lo merezca, sino que perdona porque ama, porque es padre; porque es madre, como se dice ahora. Y la figura del hijo mayor queda también muy claramente dibujada: no le parece ni medio bien lo que hace el padre. Incluso le reprocha que se porte así con ‘un pecadorazo tan gordo’.

Y aquí podemos preguntarnos: la mayoría de los cristianos ¿estamos de acuerdo con Jesús en que el padre se pase de bueno?, ¿o estamos más de acuerdo con el hijo mayor en que Dios no puede ser ‘tan padrazo’?, ¿que no lo puede perdonar todo, así sin más?

¿Nos va más la religión de los fariseos, que pensaban que Dios sólo es amigo de los buenos, de los obedientes y cumplidores? ¿O queremos fiarnos de Jesús, que nos dice de mil maneras que Dios tiene un corazón en el que cabemos todos, y que nos quiere, no por lo que hagamos nosotros, sino porque somos sus hijos y él es amor y sólo amor?

Y otra pregunta ‘para nota’: ¿los cristianos transmitimos y ‘predicamos’ la imagen de Dios de Jesús, o la de  los fariseos?; ¿nuestro Dios da confianza o miedo? ¿Puede tener eso algo que ver con que cada vez más gente pase de Dios?

Pidamos a Jesús que nos vaya entrando en el corazón su experiencia de Dios, para que nos sintamos de verdad hijos y podamos tratarnos como hermanos.


COMENTARIO de José Antonio Pagola

En ninguna otra parábola ha querido Jesús hacernos penetrar tan profundamente en el misterio de Dios y en el misterio de la condición humana. Ninguna otra es tan actual para nosotros como ésta del "Padre bueno".

El hijo menor dice a su padre: «dame la parte que me toca de la herencia». Al reclamarla, está pidiendo de alguna manera la muerte de su padre. Quiere ser libre, romper ataduras. No será feliz hasta que su padre desaparezca. El padre accede a su deseo sin decir palabra: el hijo ha de elegir libremente su camino.

¿No es ésta la situación actual? Muchos quieren hoy verse libres de Dios, ser felices sin la presencia de un Padre eterno en su horizonte. Dios ha de desaparecer de la sociedad y de las conciencias. Y, lo mismo que en la parábola, el Padre guarda silencio. Dios no coacciona a nadie.

El hijo se marcha a «un país lejano». Necesita vivir en otro país, lejos de su padre y de su familia. El padre lo ve partir, pero no lo abandona; su corazón de padre lo acompaña; cada mañana lo estará esperando. La sociedad moderna se aleja más y más de Dios, de su autoridad, de su recuerdo... ¿No está Dios acompañándonos mientras lo vamos perdiendo de vista?

Pronto se instala el hijo en una «vida desordenada». El término original no sugiere sólo un desorden moral sino una existencia insana, desquiciada, caótica. Al poco tiempo, su aventura empieza a convertirse en drama. Sobreviene un «hambre terrible» y sólo sobrevive cuidando cerdos como esclavo de un extraño. Sus palabras revelan su tragedia: «Yo aquí me muero de hambre».

El vacío interior y el hambre de amor pueden ser los primeros signos de nuestra lejanía de Dios. No es fácil el camino de la libertad. ¿Qué nos falta? ¿Qué podría llenar nuestro corazón? Lo tenemos casi todo, ¿por qué sentimos tanta hambre?

El joven «entró dentro de sí mismo» y, ahondando en su propio vacío, recordó el rostro de su padre asociado a la abundancia de pan: en casa de mi padre «tienen pan» y aquí «yo me muero de hambre». En su interior se despierta el deseo de una libertad nueva junto a su padre. Reconoce su error y toma una decisión: «Me pondré en camino y volveré a mi padre».

¿Nos pondremos en camino hacia Dios nuestro Padre? Muchos lo harían si conocieran a ese Dios que, según la parábola de Jesús, «sale corriendo al encuentro de su hijo, se le echa al cuello y se pone a besarlo efusivamente». Esos abrazos y besos hablan de su amor mejor que todos los libros de teología. Junto a él podríamos encontrar una libertad más digna y dichosa.


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Publicado en: 2007-10-01 (14086 Lecturas)  Versión Imprimible

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